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El entrenador invisible

Cada día que pasa me  doy más cuenta de que mi trabajo como profesor guarda muchos paralelismos con mi otro “trabajo” como entrenador de baloncesto. Parafraseando a Miguel Panades os lanzo la siguiente pregunta: ¿El entrenador se nace o se hace?, como en todo en la vida habrá multitud de opiniones pero creo sinceramente que uno se hace entrenador pero que hay algo que se lleva dentro y que tus experiencias y tu manera de entender la vida te llevan a trabajar en ésto, o sea que lo dejamos en un empate técnico.

Lo que si que no podemos negar es que el ser entrenador es algo totalmente vocacional, te tiene que gustar, tienes que estar dispuesto a gestionar un grupo de jugadores, que convivir con el conflicto, a ser el centro de todas las críticas y que por mucho que estés rodeado de muchos otros compañeros, jugadores, amigos y familiares, es un trabajo solitario pero realmente apasionante para todos aquellos que amamos el DEPORTE. Seguramente muchos nos sentiríamos identificados con el libro de Javier Imbroda “Si temes a la soledad no seas entrenador. Apuntes desde un banquillo

El hecho que sea vocacional no tiene porque darle un rango de importancia menor que a cualquier otra actividad o trabajo de cualquier otra rama profesional. Un entrenador se puede, perdón! se debería considerar un profesional si realmente entiende su labor como tal y le dedica e invierte su tiempo en ello. ¿Cuantos entrenadores dedican la gran mayor parte de su tiempo de ocio a realizar otra jornada laboral en sus respectivos clubes, invirtiendo un gran volumen de horas para el beneficio del propio club dejando de banda sus aspiraciones personales?

El entrenador invisible, es aquello persona que trabaja para el futuro del jugador local, autonómico, nacional o mundial, aquel que no se cuelga medallas pero que sin él no se podría desarrollar toda la estructura del deporte actual. Profesionales dispuestos a dedicarle todo el tiempo posibles a sus jugadores, a sus equipos y a su club. Capaces de desplazarse para poder poder recoger a sus jugadores y devolverles a su casa cuando no tienen medio de transporte, de sacrificar sus vacaciones realizando pretemporadas para jugar unas fases de ascenso, o para disputar torneos para que sus jugadores vivan nuevas experiencias y puedan gozar del baloncesto que está más allá de su ciudad, de su competición, incluso de su país. ¿Cuantos van a grabar a sus rivales para realizar sus tareas de scouting, o cuantos organizan campus de navidad, semana santa, o de verano, o sencillamente se prestan ayudan de manera totalmente altruista tapar los parches del club?

Esas personas creen en un proyecto deportivo, en una filosofía de club, en unos ideales deportivos y los defienden a ultranza siendo muchas veces menospreciados, infravalorados o directamente incomprendidos. Ellos creen en esa utopía que se llama FORMACIÓN de la que muchos clubes “grandes” se aprovechan por la ley del pez grande – pez pequeño y también de aquellos clubes que van “de grandes” y que su único objetivo es destruir lo que tiene el otro para intentar sacar la cabeza en la élite del deporte.

Tú, entrenador invisible, tranquilo no estás solo. Sigue trabajando, sigue formándote día a día, sigue creyendo, porque a todo aquel que es fiel a sus principios la vida le pone su sitio. Seguramente no llegarás a entrenar a un equipo ACB o LF, pero si serás lo suficientemente valiente de enfrentarte a un equipo de formación o equipo amateur solamente por tus ganas y tu ilusión por entrenar.

“Para un entrenador, el resultado final no se lee en puntos a favor o puntos en contra, cuantos partidos ganados o perdidos, cuantos aciertos o errores cometidos. Al contrario, se lee con cuantas PERSONAS han salido de tantos jóvenes jugadores. Éste es un resultado que ningún periódico, estadística o libro de récords publicará nunca, y éste es el resultado que uno debe valorar él mismo, cuando el último partido acaba” Denny Crumm

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Categorías:Mi Baloncesto Etiquetas: , ,
  1. Lourdes Assens
    16 noviembre, 2012 en 14:20

    Debemos vivir la vida con unos valores éticos y genuinos. Si no vivimos y sentimos como un auténtico ser humano en todo aquello que hacemos, se pierde el valor, la fuerza, la esencia y el sentido. La vida ha de ser vivida y sentida así.
    Te felicito por el artículo, de todo corazón!!!

  1. 22 noviembre, 2012 en 21:21

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